La Coctelera

LO QUE SE TERCIE (el blog de betialai)

Libertad no es sólo una palabra.Es una forma de entender la vida.

27 Julio 2006

BATAS BLANCAS


Hoy me ha tocado, anda ya. Después de mucho tiempo ha sido el día en el que, caprichos del destino, he tenido que ver unas cuantas y casi sin solución de continuidad. Por la mañana, y dado mi estado capilar, en el que el león de la Metro a mi lado parecía alguno de los hermanos Matamoros, he ido a visitar a Emily, mi peluquera desde hace muchos años, a la que por regla general le suelen dar los sietes males, uno tras otro, cada vez que me ve aparecer por la peluquería más que nada pensando en la árdua labor que se le viene encima. Es una tía guay, a la que hace más o menos veinte años, en mis tiempos docentes y decentes, torturé a lo largo de un verano de clases particulares intensivas para lograr que aprobase la EGB y pudiera matricularse en septiembre en la escuela de FP, donde obtuvo el título que le daba derecho a hurgar libremente en las cabezas de sus prójimos. Luego abrió su propio negocio y tuve el honor de ser uno de sus primeros clientes y después, cuando le vinieron mal dadas y tuvo que colocarse por cuenta ajena, he seguido siéndole fiel y rodando por toda suerte de establecimientos que han tenido a bien contratar sus servicios. Porque aparte de que es una amiga, la chica es como una especie de esos barberos a la antigua usanza, con los que se podía hablar de todo y que te proporcionaban amenidad y distracción mientras realizaban la faena. Bueno, con Emily se puede hablar de todo menos de toros, que por mucho que la he intentado educar en la materia ella sigue erre que erre en su cultura taurina del Hola y del Lecturas, del tomate y las salsas variadas con las que nos castigan las televisiones públicas y privadas y no es cuestión de llevarle mucho la contraria y ponerle nerviosa, no sea que se le vaya la mano y se lleve alguna oreja, para compensar las que no cortan sus ídolos mediáticos, al menos, en plazas importantes. Así que me ha metido la esquiladora y me ha dejado al dos, con lo que, servido y bien fresquito, le he dicho que no me espere más hasta después de navidades, que ya nos veremos por ahí tomando algún cubata, y si hay alguna novedad que ya tiene mi móvil.

Lo de la tarde ha sido otro cantar. Tenía en la Mutualidad el reconocimiento médico anual que nos hace la empresa, supongo que porque es obligatorio y viene en el convenio, o viceversa. Para empezar ya me he mosqueado porque había un par de colegas por delante con lo cuál se incumplía el horario, algo con lo que ya cuentas de antemano, pero que a la hora de la verdad siempre se te hace molesto y nunca terminas de asumir. Así que, cuando más enfrascado estaba devorando en un semanario el rollo del reparto de la herencia de Rocío Jurado, me ha sacado de mi ensimismamiento la llamada de una enfermera que vociferaba mi nombre con pertinaz insistencia por los pasillos. Total que a la sala de pruebas, para que te hagan las mismas gilipolleces y las mismas preguntas de siempre y te devuelven otra vez a la sala donde te encontrabas media hora antes, hasta que te reciba el médico. Qué bien, he pensado, así termino de leerme lo de la Jurado. Pues ni de coña, para cuando he vuelto se había instalado una señora, que ni era colega ni nada, con pinta de ir a consulta con algún problema de cálculos biliares, que me había birlado la revista dejándome con las ganas y con la necesidad perentoria de comprármela en el primer kiosco que encontrase a mano al salir a la calle. Luego el médico me ha quitado las ganas, y me ha hecho volver a la realidad, porque hay que ver como son. El que me ha tocado es de los que además de tomarte la tensión, auscultarte, meterte los dedos en las tripas y un palito por la boca y hacer que dobles y extiendas la rodilla un par de veces, te sienta en un silla y comienza a darte la charla. Ya para empezar empieza dándote el disgusto diciéndote que estás apto para seguir desempeñando tu puesto de trabajo, pero que jodé... El jodé pasa a ser una retahíla de prohibiciones, recomendaciones y ruegos encarecidos relacionados con el no beber, cuidado con las comidas, exceso de sal, ojito con los picantes, stop a las grasas, no engordar un gramo más, que culminan, naturalmente, con el ya puedes ir pensando seriamente en dejar de fumar. Eso que, como ya me lo sabía de otros años iba preparado, y en la espirometría me he concentrado y me he liado a soplar, que debía parecer el lobo feroz intentando derribar la casa de los tres cerditos, porque el resultado ha sido de libro. Y digo yo, puestos a recomendar o a prohibir, ¿por qué será que en estos reconocimientos nunca te recomiendan que mañana no aparezcas por el curro o te prohíben ir a trabajar durante una temporada?. Será, me imagino por tu bien y para que estés entretenido y alejado de malos pensamientos y de peores hábitos que finalmente puedan redundar en un deterioro de tu ya muy precaria salud. En fin, que de momento estoy servido y ya he tenido una buena una ración por una temporada. ¿Batas blancas?, sobre todo de las segundas: ¡vade retro!

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