LA TAUROMAQUIA DE RAFAEL ORTEGA
Hacia tiempo que quería haberlo hecho, pero por unas cosas o por otras el caso es que se fue retrasando. Suelen decir que nunca es tarde... y, ya desde ayer, está colgado en las páginas de El Chofre el artículo que había prometido escribir sobre el maestro Rafael Ortega. En los momento que atraviesa la fiesta, creo que es bueno que los nos que consideramos aficionados refresquemos nuestra memoria con los conceptos, claros, que sobre la pureza del arte del toreo expuso en su día el torero de la Isla en, lo que yo considero, la quinta Tauromaquia de la historia. Ante tanta mentira, tanto sucedáneo, tanto dar gato por liebre, tanto glorificar lo chabacano y lo mediocre, se alza la verdad sin ambages, la que no admite medias tintas, ni está sujeta a interpretaciones.

Fue injustamente tratado en su época, minusvalorado por una crítica, que sin llegar a los extremos bochornosos y vergonzantes de la de ahora, estuvo más atenta y aplicada a cantar las glorias de otros que, adquirieron mayor notoriedad al estar apoyados por taurinos importantes o por saber venderse mejor, y sin embargo, no le llegaron a la altura de las zapatillas. Se sobrepuso a éso, y a tremendas cornadas que recibió por pisar terrenos donde el toro es riesgo, y por hacerlo sin alivios, sin trampas, dando siempre todas las ventajas a sus oponentes. Y aún tuvo arrestos para volver a los 45 años, mermado de facultades y con el cuerpo cosido a costurones, y asombrar a propios y extraños dictando sus últimas lecciones de toreo clásico. Quiso, según él, devolver a la fiesta todo lo que la fiesta le había dado, aunque creo, sinceramente, que pecó de generoso y se excedió en el pago.
Olvidado, o lo que es peor, ignorado por la mayoría de los que actualmente ejercen en los medios la información (¿) taurina, (recordarlo por su parte sería tanto como reconocer su propia ignorancia o su total falacia), y desconocido por muchos jóvenes aficionados, pienso que es el momento de reivindicar a un excelso maestro, por lo que he intentado extraer de un librito que escribió en 1986 en colaboración con Ángel-Fernando Mayo, “El toreo puro”, una serie de conceptos que reflejan la forma de interpretar y ejecutar un arte por parte de un torero del que, por ejemplo, cuatro grandes figuras indiscutibles del mundo de los toros, en sus distintas facetas, llegaron a decir: Antonio Ordóñez: “Rafael Ortega es el que mejor ha toreado de todos nosotros”. Joaquín Vidal: “El diestro más completo del último medio siglo. Un auténtico torero de época, éso fue Rafael Ortega”.Alfonso Navalón: “El torero más clásico y profundo que conocí”. Antonio Chenel: "¿Rafeel Ortega?: el mejor. El más puro con el capote, muleta y espada, aunque con la espada era único. Ya es hora de que se diga claro y alto”. Casi nadie al aparto. Claro, que para los paniaguados del taurineo militante, los engañabobos oficiales y los exégetas de la trampa y el destoreo, ¿quién coño son estos individuos?. Unos pobres ignominados, unos auténticos mindundis, y unos perfectos ignorantes. En el fondo, los verdaderos enemigos de la fiesta, vamos, unos jodidos y puñeteros talibanes.



javier dijo
Enhorabuena!, ¡Vaya artículo!
18 Septiembre 2006 | 04:13 PM