SE GANÓ UNA BATALLA, PERO...¿Y LA GUERRA?

Como ya se había anticipado, el Parlamento Europeo rechazó ayer en Bruselas la ley que trataba de incluir a la fiesta de los toros dentro de las luchas de animales. Una aplastante mayoría con 412 votos en contra, 178 a favor y 15 abstenciones, impidió que prosperase una iniciativa que por muchos motivos estaba de antemano abocada al fracaso. La Plataforma para la Defensa de la Fiesta, encabezada por Luis Corrales y los diestros retirados Paco Camino y Santiago Martín "El Viti", se movilizó viajando hasta la capital belga para obtener el respaldo de los europarlamentarios socialistas y populares, que se comprometieron a votar en contra de esta iniciativa.
Por una vez los dos grupos mayoritarios en el estado y en Europa, han estado de acuerdo y han votado en la misma dirección en un asunto que, si bien, había provocado una cierta alarma, no era de excesivo calado porque como reconocía una comiasaria del grupo popular "en el seno del Parlamento Europeo no hay argumentación para legislar algo que vaya en contra de un país", en clara alusión a la fiesta. Quiere decir que si la votación hubiese sido de signo diferente, existían argumentos para recurrir esa ley que, en cualquier caso, ni tan siquiera hubiera sido vinculante.

Ahora, dando por sentado que la Plataforma para la Defensa de la Fiesta va a seguir luchando por la misma, sería bueno que socialistas y populares unieran sus esfuerzos en España para acabar con el fraude y la corrupción, sobre todo en lo tocante al verdadero protagonista del espectáculo, es decir el toro, y garantizasen su integridad en todas las plazas sin discriminación de categorías ni de actuantes en las mismas. Al mismo tiempo, sería positivo que fuesen menos complacientes con los intereses creados del taurineo en todos sus estadios y se preocupasen por los intereses legítimos de los que acuden a los cosos que, en definitiva, son los que mantienen vivos una tradición y un bagaje cultural de los que, en estos momentos que atravesamos , nadie se puede sentir excesivamente orgulloso.

Porque no olvidemos que contra cualquier nueva acometida, interior o exterior, venga de donde venga, será más difícil que nada, ni nadie, vaya a poder contra una fiesta sana, fuerte y respaldada por millones de ciudadanos que la consideran algo suyo. En cambio, una fiesta enferma, débil, a la que los aficionados vuelven, con razón, la espalda de forma alarmante y a pasos agigantados, al margen de que puede morir por consunción, siempre será un blanco más fácil para cualquier ataque. Se ha ganado una pequeña batalla en Europa, pero es aquí, en casa, donde verdaderamente tenemos que ganar la guerra.


javier dijo
Lo vemos igual.
Un saludo
13 Octubre 2006 | 04:03 PM