ADIÓS A JOSÉ MARI RECONDO
Hoy al mediodía ha recibido sepultura en Benalmádena José María Recondo, fallecido ayer en Torremolinos, donde residía, a la edad de 75 años. Fue el único matador de alternativa que ha dado San Sebastián a la historia de la tauromaquia, vistiendo su primer traje de luces en Vergara en 1948. Tras varios años de aprendizaje por tierras salmantinas y después de quemar etapas como novillero con y sin caballos, recibió la alternativa en Zaragoza un 19 de mayo de 1955 de manos de Antonio Bienvenida, que le cedió el toro Canadillo de Atanasio Fernández, oficiando como testigo Chicuelo II. Confirmó al año siguiente en Las Ventas, cortando una oreja, y mantuvo un discreto cartel –sobre todo en plazas importantes- los años siguientes. Tras su triunfo en el viejo Chofre de San Sebastián, en la Semana Grande de 1958, cortando tres orejas a toros de Salvador Guardiola y su posterior comparecencia en Madrid al mes siguiente, donde también tocó pelo, parecía que su carrera estaba llamada a adquirir ciertos vuelos. Sin embargo, al año siguiente y tras hacer el paseíllo tres tardes dio por terminada su carrera como matador de toros.
No llegue a ver torear a José Mari, pero buenos aficionados de la época, tanto de Madrid como de San Sebastián, lo recuerdan como un intérprete del toreo clásico, poco dado a tomarse ventajas, sobrio, sereno, nada amigo de alharacas ni de superfluas florituras y, sobre todo, un maestro que tenía algo especial en su capote y en su forma de mecer a los toros por verónicas –reina de las suertes del toreo de capa- y rematarlos, como hacen los toreros caros, con la media que a veces nos hace imaginar y soñar que cruje la cadera de quien la ejecuta. Quizá, la época en que le tocó vivir, con un elenco de grandes figuras consagradas y otras en ciernes que venían arreando impidió que el donostiarra llegase a cotas más altas en forma de contratos.
Nunca se apartó del mundo de los toros, de la fiesta que amaba con locura, y ya retirado se hizo empresario organizando innumerables festejos, sobre todo por la zona de la Costa del Sol donde se afincó definitivamente. Al mismo tiempo, comenzó a apoyar a novilleros y se convirtió en apoderado y lanzó al estrellato a toreros como Terremoto de Málaga, a principios de los sesenta, y más adelante a figuras como Miguel Márquez o Antonio José Galán que lograron, bajo sus auspicios, alcanzar en su época las cimas más altas del escalafón. Toreros como Luis Francisco Esplá o Pepín Jiménez no fueron ajenos a las enseñanzas de Recondo y no es casualidad que ambos manejasen con buen gusto y variedad el capote, porque el aprendizaje hecho con un virtuoso imprime carácter. Más recientemente Juan José Trujillo, hoy en las filas de los que visten de plata, y Salvador Vega, entre otros, han podido escuchar los consejos del matador de toros donostiarra.
Hombre de amplia cultura, ameno conversador y con un sentido del humor no exento de una socarranoría muy propia de su condición de euskaldun zaharra, fue asiduo de coloquios, charlas y conferencias, y no dudó en comparecer allá donde su presencia era requerida para tratar de su querida fiesta. Una afección renal –un riñón extirpado y el otro en estado precario- le hizo pasar un auténtico calvario a finales de los noventa y depender de una máquina de diálisis durante mucho tiempo. No decayó su ánimo y cuando le preguntabas por su estado te contestaba con un símil taurino: “Bueno, vamos tirando, de momento aquí me siguen poniendo banderillas por los dos pitones”. Ya, a principios del presente siglo su estado se agravó y un día por teléfono recuerdo que me dijo: “Miguel, en este momento estoy ya barbeando tablas”. Efectivamente, sólo quedaba la esperanza del trasplante y éste era difícil que llegase por muchísimos motivos, pero finalmente se produjo el milagro y el viejo torero pudo tener su nuevo riñón que, al menos, le proporcionó una mejor calidad de vida en los últimos años. Un infarto de miocardio, el pasado día 15, que no pudo remontar se lleva al amigo y al toreo. Descansa en paz, maestro.


socrates2005 dijo
Que descanse, el hombre, que se lo tenía merecido.
27 Diciembre 2006 | 04:21 PM