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Se aguó la fiesta prevista para ayer y se aplazó el undécimo festejo de este San Isidro 2007. Digo que se aplazó y no que se suspendió porque está previsto que la corrida se dé el próximo 4 de junio con el cartel modificado y la presencia de Torres Jerez que había sido contratado para sustituir a Víctor Puerto. El almeriense junto con Esplá y Álvaro Justo serán los que se enfrenten, el día después al que en principio estaba llamado a cerrar la feria, a toros de Guardiola Fantoni. Sabia medida y una decisión tomada por la autoridad, los toreros y la empresa, al unísono, que por una vez redunda en beneficio de los intereses del que pasa por taquilla. Con la tromba que cayó minutos antes de la hora del inicio de la corrida y los nubarrones negros que venían de la parte de Toledo era imposible garantizar que el ruedo no se pusiese impracticable y, además de preservar la integridad física de los actuantes, se miró por los bolsillos del espectador que no puede, según la reglamentación vigente, reclamar el dinero de la entrada si el espectáculo tiene que suspenderse después de haber sido soltado el primer toro.

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Agua, por tanto, en Madrid, aunque sin azucarillos ni aguardiente. Lo mismo que tampoco vamos a encontrar precisamente estos ingredientes en el artículo de Paco Cañamero, “Las Ventas, una plaza sin rumbo”, publicado ayer en El Chofre. Un dedo que se pone en muchas llagas y atina a explicar, y a que comprendamos, algunas de las claves que se han ido produciendo y que han cambiado la forma en que actualmente se juzga el toreo en el coso venteño. Faenas al hilo del pitón rematadas con infames golletazos que se premian con orejas son, evidentemente, lo más llamativo y alarmante. Algo que no hace mucho no sucedía con demasiada frecuencia en una plaza exigente, en la que la afición sabía conceptuar lo que veía. Ahora, casi todo vale y el público jalea con igual vehemencia el truco y la ventaja, el toro periférico y accesorio, como el fundamental y el que se hace sin trampa ni cartón. Y para darnos pistas incide, por ejemplo, en el auge que vuelven a tomar pases como la manoletina, suerte que no fue creada por Manolete sino por el gran torero cómico Rafael Dutrús “Llapisera” a principios del pasado siglo. Sí fue el toreo cordobés quien la popularizó y la incorporó al repertorio del toreo, supuestamente, serio y fueron sus posteriores imitadores quienes siguieron ejecutándola hasta que cayó en desuso por ser considerado, por la afición y la crítica, lance de escaso riesgo y, en consecuencia, poco mérito. José Tomás volvió a hacerla resurgir y en la actualidad resulta que rugen los tendidos cada vez que alguien la interpreta como si fuese la quintaesencia de lo artístico y el colmo de la audacia. Cabe decir lo mismo de la bernardina, inventada por Joaquín Bernadó, que no deja de ser nada más que una manoletina cambiada, en la que se inicia el cite con la muleta a la espalda por el lado derecho del cuerpo del torero para después cambiar el viaje y darle salida al toro por el costado izquierdo, algo que parece enloqueció a muchos cuando Talavante finalizó de esa guisa la faena en la que abrió el domingo de Resurrección la Puerta de Madrid. Y hablando de Rafael Dutrús, me gustaría añadir que fue, así mismo, el célebre torero bufo valenciano y no Chicuelo el que inventó la chicuelina. Una suerte de capote de la que se abusa hasta la saciedad en detrimento de la verónica que es por excelencia, conviene no olvidarlo, la suerte fundamental del toreo de capa. Hoy, si el tiempo no lo impide, novillada con ganado de Yerbabuena (Domecq-Jandilla) propiedad de Ortega Cano y que ofreció un buen nivel en la pasada temporada, para Alberto Revesado, Daniel Luque y Salvador Fuentes. ¿Alguien se acoradará de Tamames y de Cadalso de los Vidrios?. ¿Estarán engrasados los goznes del portón que se encuentra entre el 7 y el 8?. Las respuestas, más o menos, sobre las nueve de la noche.