¿BAÑUELOS O BUÑUELOS?
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Ya expliqué en un post, hace aproximadamente un año, que no soy excesivamente entusiasta de las corridas de toros que se celebran por estas fechas en la plaza de Pamplona. Llevo muchos años sin aparecer por allí y por televisión tampoco las soporto demasiado. No creo que me pierdo gran cosa y vosotros tampoco, porque de lo que allí sucede ya está informando con solvencia y seriedad Eneko Andueza en las páginas de El Chofre, y de paso me ahorro berrinches, como por ejemplo ver salir en hombros durante dos años consecutivos a un torero tan vulgar y ventajista, por no decir otras cosas, como Salvador Cortés o que alguien este jugándose la vida, poco o mucho, delante de un toro y un hatajo de borrachos se dediquen a empapuzarse y a cantar “la chica ye-yé” o “tengo una vaca lechera” y no hagan ni puto caso de lo que ocurre en el ruedo. Ayer, sin embargo, tuve la curiosidad de ver el debut de la ganadería burgalesa de Antonio Bañuelos con un cartel de toreros, Juli, Cid y Castella, que es de lo más atractivo que se puede dar en la actualidad, no tanto porque los tres se puedan considerar figuras, sino porque son tres estilos diferentes de concebir el toreo y de expresarse en la cara del toro.
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En el encierro los toros burgaleses hicieron el recorrido agrupados, en una carrera limpia y rápida, lo que según dicen, aunque no haya que tomárselo siempre al pie de la letra, suele ser síntoma de que por la tarde pueden sacar casta y nobleza, lo que de alguna manera me hacía albergar ciertas esperanzas aún siendo consciente de su procedencia Torrealta y, en consecuencia, de su encaste Domecq. Ingenuo que es uno, porque el fiasco fue impresionante y como para flipar en technicolor. Los que no salieron inválidos, alguno sospechosamente descoordinado, víctima de un sorprendente y súbito papirulaque otro, se las apañaron para escoñarse ellos solitos y para terminar más fané y descangallaos que los que irrumpieron en el ruedo ya tullidos de por sí. El único que se tuvo en pie, quizá porque se simuló más descaradamente que de costumbre la suerte de varas, fue el quinto. Buena voluntad de El Cid y generosidad para con el ganadero al dejarlo crudo, lo que a punto estuvo de costarle un disgusto porque el bicho, sin picar, se vino arriba y le cogió muy feamente. Un desastre de corrida de la que sólo se salvó la presentación, aunque tal vez, precisamente por excesiva para las características zootécnicas de estos toros, fuese en parte la causante de que estos Bañuelos más bien pareciesen buñuelos hinchados con los que, al margen de mítines y sainetes con la espada, poco pudieron hacer los tres toreros a los que les tocaron en desgracia. Claro que ya se sabe aquello de que con quien niños se acuesta..., algo que en el mundo de los toros puede tener su equivalencia en eso otro de que quien con borregas se anuncia..., pues lo dicho.



Albaserrada dijo
Reacciones extrañas en los toros, ¿no habría mano negra?
14 Julio 2007 | 09:15 PM