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Acabo de enterarme de que Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea” ha anunciado que volverá a vestirse de luces el próximo 20 de octubre en Alba de Tormes para torear un mano a mano con su hijo Periquín, en el que tienen previsto, según el empresario de la plaza Julio Norte, lidiar toros de diversas ganaderías. Lo de lidiar y lo de toros es, mientras no demuestren lo contrario, un simple formulismo, una forma digamos convencional de hablar o de escribir, aunque a la mayor parte de los que leáis el post supongo que se os habrá quedado cara de pócker, o que habréis pegado un más que considerable y justificado respingo. Aduce el organizador del evento que es la manera en la que quiere celebrar, el que en su día fue unánimemente reconocido como el rey del zapatillazo, sus treinta y cinco años de alternativa tomada en Bilbao en junio del 72.
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Creo que recientemente ha quedado claro lo que pienso al respecto y hace apenas unos días, en mi entrada "Segundas partes nunca fueron buenas", hacía un repaso de lo que, en mi opinión, suponían las reapariciones en el mundo de los toros, por estar de actualidad lo sucedido hace apenas diez días en Fuentesauco con uno de los últimamente reaparecidos, al que por cierto acaban de nombrar pregonero de la Feria del Toro de Espartinas, no sé si como desagravio al mal trago que está teniendo que pasar al no reconocerse suficientemente el esfuerzo que está realizando por actuar con la profesionalidad, la honestidad y la entrega que deja patente en los cosos allí donde realiza el paseíllo o por su valentía de denunciar en los programas televisivos tomateros los “pinchazos” que algunos ganaderos desaprensivos aplican a sus cornupetas cada vez que se anuncian en un coso taurino. Por éso se me ponen los pelos como escarpias al pensar que lo más arriba comentado no sea tan sólo un hecho esporádico, sino que se trate de un preámbulo de otra operación retorno y que la temporada que viene, además del consabido cartel de mediáticos una vez debidamente sustituido Jesulín, se empiece a hacer clásico en ferias y fiestas el cartel paterno-filial que sirva para que el papi se lo lleve calentito y el nene sume unos cuantos contratos que, dada su gloriosa trayectoria, no se antojan que iban a ser demasiados a no ser que alguien se sacase de la manga algún montaje de por medio.


Lo verdaderamente indignate, lo que me indigna y me pone frenética, es que esta familia nos consideren tontos. Ahora a conmemorar una fecha absurda para volver a intentar poner al niño en circulación cuando toda la profesión sabe que el niño no vale, es negado, para el toreo.
¡Qué gente!
El orgulllo los acaba matando...¿ Qué toritos lidiaran? Él padre dice que de su ganadería no. Y eso lo apoyo porque se podría armar la mundial si salen como acostumbran, aunque ese día Alba de Tormes se llenará de aduladores, amigos y "capeístas".
Que asco.
Pues sí, señora condesa. La fecha, treinta y cinco años, como Ud. muy bien dice está un poco traida por los pelos, máxime cuando se cumplió el pasado 19 de junio y, por tanto, el día del gran acontecimiento habrán transcurrido treinta y cinco años, cuatro meses y un día, algo así como una especie de cadena perpétua con propina añadida, efeméride tan absurda para conmemorar que no le cabe en la cabeza a nadie, con dos dedos de frente, no sea una burda excusa y que en el fondo encierre otros objetivos, de momento inconfesables, que por el contrario están en la mente de todos.
En cuanto a lo que apunta Vicente de los toros, posiblemente, no habrá ese día feroces Murubes en Alba de Tormes en previsión de que se vaya a dar una vuelta por allí la Mano Negra, aunque fijo que se verán terroríficos Domecqs o pavorosos Núñez que, a lo mejor, cumplen dignamente con su papel de el Hombre del Saco o el mísmísimo Sacamantecas.