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No soy nada partidario del corta y pega pero hay veces que puede llegar a venir bien para reafirmarse y, también, para refrescar la memoria de algunos en caso de que éstos no tengan las cosas lo suficientemente claras o no hayan tenido en su momento, por las razones que sean, tiempo para leer y hacerse cargo de ciertas posturas que se vienen indefectiblemente defendiendo desde que El Mesías reapareció el pasado día 17 de junio en Barcelona. Han sido varios los posts en los que he denunciado el tufo a montaje que me producía el advenimiento de José Tomás y, sobre todo, la presencia del no toro desde que éste se produjo. Comencé haciéndolo el 11 de junio en “No les demos ideas” ante el hecho alarmante de que lo sugerido en algunos blogs, y que se comenzó a conocer como El José Tomás Tour World, se hacía realidad con el nombre de José Tomás Tournée 2007,una oferta elitista dirigida al público del clavel más pudiente con las previsibles y funestas consecuencias que ello podía acarrear. El segundo post, “Varios días, varias cosas”, se publicó el 28 de junio tras la corrida de Alicante y en él me hacía eco de la paupérrima presentación de los astados, algo que unido a su blandura, descastamiento y mansedumbre dieron como resultado el fiasco y la decepción. Unos días más tarde, el 1 de julio, publiqué una entrada titulada “Para este viaje”, íntegramente dedicada al pasmo de Galapagar en el que ya se podían enjuiciar cuatro de sus actuaciones, Barcelona, Alicante, Algeciras y Burgos, y en las que se comenzaba a hilvanar, bajo el denominador común de la escasísima presencia y el nulo trapío de los animales lidiados en dichas plazas, la historia de lo que podía ser la temporada del reaparecido. En respuestas a unos atinados comentarios de dos buenas amigas y aficionadas, La Condesa de Estraza y Leti (Ghosty), escamada y oliéndose la tostada la primera y decepcionadas y defraudadas ambas por lo que estaban viendo, escribí lo siguiente:

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“Claro, señora condesa, si yo siempre he dicho y escrito a todo aquel que me haya querido oir y leer que para mí existen dos José Tomás. El de su primera época, un torero que, ortodoxias y purismos al margen, a mi me convenció porque pisó terrenos comprometidos, se puso en el sitio y en la distancia, pese a realizar un toreo vertical sacó pases largos y limpios bajando la mano y los remató atrás. Y todo ello ante toros íntegros, de ganaderías más o menos (mayormente más que menos, éso sí) comerciales, pero toros. El de los tres últimos años ya fue otra cosa, porque como Ud. muy bien sabe ya no pisó con tanta frecuencia esos terrenos, acortó distancias y, naturalmente, los pases ya no le salieron tan largos y tan limpios, porque empezaron a abundar los medios o cuartos de pase y a ser frecuentes los enganchones. Y todo ello ante borregas de ganaderías artistas, toras tontas, carentes de la más mínima emoción. El dilema, por tanto, en lo que a mí respecta siempre ha sido ¿qué José Tomás vamos a ver ahora?. Porque el único que me vale es el de la primera época. Ni que decir tiene que no me interesa para nada el de los últimos años y tampoco una mezcla de los dos; es decir que se ponga en el sitio de antes, que pise esos terrenos comprometidos, que trate de torear como lo hacía, sí, pero ante unos chotos impresentables, faltos de intergridad o sistemáticamente descastados, como parece que está siendo la tónica desde el 17 de junio hasta la fecha.

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Por éso, cuando vuesa merced, dice que se “huele la tostá” me alarmo y me pregunto cuál de esas dos “tostás”, no demasiado apetecibles, es la que ha llegado a sus muy nobles y aristocráticas pituitarias, o si existe alguna más con la que, incluso, todavía podamos sorprendernos. Porque como digo en el post, y me reafirmo aquí en el comentario, para este viaje no hacían falta alforjas y por muy bien que toree José Tomás si en su vuelta no va tener delante toros, todo lo que haga va a carecer de importancia y no va a ser más que un hacer un juego al taurineo, a los periodistas del régimen a los que va a cargar de razones, en este caso fundadas, y un llevárselo calentito, haciendo que muchos perdamos hasta ese grato recuerdo que conservamos de su primera etapa.”

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“Un motivo más de preocupación, querida Leti, esto último que apuntas, porque empieza a dar la sensación que, dentro de lo que puede ser un montaje que nadie sabe muy bien, aunque algunos empezamos a intuirlo, dónde va a ir a parar, aquí pueden empezar a moverse algunas gentecillas en función de que potencialmente se encuentre en el lado de los que van a llegar a trincar algo o a quedarse en ayunas. Puffffffffffffff. a mí es que, como a nuestra querida señora condesa, todo ésto me da muy mal rollo y me huele fatal.”

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El 12 de julio en “Segundas partes nunca fueron buenas” también hubo lo suyo para el que, algunos, han querido convertir en mito o en leyenda viva, sin darse cuenta que los mitos y las leyendas generalmente suelen convertirse en tal pasado algún tiempo, una vez que se han ido a habitar, en otras épocas al Olimpo, en la actualidad y más recientemente a otras galaxias, pero rara vez cumplen esas expectativas cuando forzados, da igual por qué variopintos tejesmanejes, montajes o intereses, vuelven a bajar a la tierra para intentar recuperar en presente lo que, a lo mejor y prendido con alfileres tal vez de forma excesivamente selectiva, sólo había quedado en la memoria. Sigo diciendo, una vez más, que a mi nada de lo que ha ocurrido me pilla de sorpresa, ni me causa la más mínima extrañeza, aunque, ahora, consumado el escándalo de Ávila, muchos comienzan, no ya a toro pasado, sino con el toro en el desolladero, a rasgarse las vestiduras, a lanzar toda clase de dicterios o a certificar la defunción de la fiesta cargando, quizá, más tintas de las que se merece, que indudablemente son muchísimas, contra la Plataforma, olvidándose de que la casi muerte cerebral de esa fiesta, su electroencefalograma prácticamente plano, era algo que ya estaba diagnosticado y que el intento de hacerle un trasplante de células madres, marcianas o galácticas para recuperarla, algo a lo que muchos dieron su beneplácito, esta vez no ha dado resultado, porque los que tenían que haberlo practicado lo han realizado mal, muy mal, y porque, está claro, que el donante no era el adecuado. A cada uno lo suyo y que cada palo aguante su vela, pero que nos dejen en paz los modernos druidas de la tauromaquia con sus remedios milagrosos, porque la única forma de salvar la situación, y mientras quede el más mínimo pálpito todavía hay esperanza, será con la vieja fórmula de la emoción que conlleva el riesgo y dándole, por tanto, la máxima importancia a quien es capaz de proporcionar este ingrediente: el toro en su integridad, el auténtico protagonista de la fiesta. El desfallecer ahora sería hacer bastante más el juego al taurineo que lo que se lo han hecho estos últimos disfrazados “amigos” de la fiesta y ponerles bajo sus pies un camino de rosas para que alcanzasen más temprano que tarde lo que vienen pretendiendo desde hace mucho tiempo. A cada uno lo suyo, insisto, y mientras a algunos les toca seguir en su papel de trincar y seguir exprimiendo la teta de la vaca ( desmochada, mansa y descastada, por supuesto), a otros nos tiene que corresponder el seguir en el empeño de no darnos por vencidos e intentar, por lo menos, mantenerla con vida.