LA IMAGINACIÓN AL PODER
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Azpeitia. Tercera de feria. Tres cuartos de plaza. Toros de Algarra (encaste Domecq),
mansos, descastados, inválidos, carentes de emoción y sin la más mínima sensación de peligro. Discretamente presentados, muy cómodos de cabeza y sospechosísimos de pitones. Manuel Jesús “El Cid”, ovación y saludos tras un aviso y ovación y saludos. José María Manzanares, ovación y saludos después de escuchar un aviso y silencio. Miguel Ángel Perera, ovación y saludos tras un aviso y silencio escuchando dos avisos, uno de ellos antes de finalizar la faena.
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“La imaginación al poder” fue una frase acuñada hace casi cuarenta años, treinta y nueve para ser exactos, por un icono y figura de lo que se conoció, y todavía se conoce, como existencialismo, Jean Paul Sartre, dentro de una entrevista que el filósofo francés
realizó para Le Nouvel Observateur el 20 de mayo de 1968 a Daniel Cohn-Bendit, líder e ideólogo de aquel movimiento que tuvo su inicio en París y al que se conoce, precisamente, por el mes y el año en el que comenzó a cambiar, muchísimas cosa para bien, algunas pocas quizá no para tanto, la forma de pensar y, principalmente de actuar en bastantes facetas de la vida, de muchas gentes del mundo entero. Dejando el poder al margen, porque en ésto del negocio taurino todos sabemos perfectamente quien lo ostenta, y centrándonos en la imaginación, hace falta tener mucha dosis de la misma, añadiría que muy calenturienta y, además, hacer un auténtico acto de fe para que nadie de los que han acudido esta tarde a la plaza de Azpeitia sea capaz de asimilar lo que allí se ha presenciado con una corrida de toros.
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No hubo toros. Salieron por el portón de chiqueros seis semovientes que en su forma recordaron lo que puede ser ese inigualable y maravilloso anim
al, pero lo que mandó Luis Algarra a los corrales del coso guipuzcoano fueron seis babosas inválidas, mansas a raudales, descastadas, incapaces de generar el más mínimo asomo de sensación de peligro, unos bichos genéticamente anormales, auténticos imbéciles, que a pesar de los esfuerzos de sus matadores por mantenerlos en pie batieron un record en el capítulo referente a perder las manos y a rodar por los suelos. Discretamente presentados de carnes, el estado que exhibiero
n sus cabezas después de rematar en tablas, algunos, o hincarlos en la arena por su escandalosa falta de fuerzas, otros, fue como para que se procediese a meter las astas de todos en su cajita correspondiente y, luego, actuar en consecuencia. Nada nuevo, no obstante, en una plaza de tercera donde están anunciadas tres primeras figuras, “El Cid”, Manzanares y Perera que venía a sustituir al maniquí de Armani, todavía no recuperado de la “espeluznante” y “gravísima” cogida que, según algunos, recordó a la que llevó al sepulcro a su progenitor y que, incluso, sirvió como portada a muchos medios y para abrir algunos informativos de televisión.
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Ante esto, no creo que sea ya nada difícil que, y volvemos sobre ella, la imaginación de cada uno de los que haya leído las anteriores líneas le conduzca a hacerse una exacta composición de lugar del lamentable y bochornoso espectáculo que hemos padecido. De nada vale que “El Cid” intentase esta
r aseado y realizar su toreo ortodoxo en su primero si tuvo que fundamentar su labor, que se aprecia sobremanera cuando la ejecuta bajando la mano, llevando la muleta a media altura y que vistas las condiciones del cuarto y su imposible posibilidad de lucimiento optase por no jugarse un alamar y hacer como que hacía. Tampoco dijo nada el buen concepto y la voluntad de Manzanares estrellado con una tonta del bote aparecida en segundo lugar y sus afanes por mantener en pie al indignante quinto al que hubo que colear en las dos ocasiones en que pensó que iba a estar más cómodo acostado y no dudó en echarse. Y, finalmente, algo sí que dijo, y no muy a su favor, la actitud de Perera tirándose el pegolete con dos borregos derrengados, especialmente el sexto, en el que hizo gala de todos los vicios, trampas y ventajas que se puedan imaginar a lo largo de dos interminables e injustificables faenas dado el material que tenía delan
te. Una pena que haya tenido este colofón una feria que comenzó por buen camino y que ha venido a dejar un mal sabor de boca, justamente cuando se cerraba con el cartel más caro y, teóricamente, más rematado de la misma. Quizá sirva, sin embargo, como aviso a navegantes observar que ha sido en este último festejo donde se ha producido la entrada más pobre de todo el serial y que, si bien a ello habrá contribuido la no comparecencia del pasante de modelos de alta costura, a lo mejor en sitios como Azpeitia no son necesarios ciertos reclamos que, para colmo, han desmentido el dicho que no hay dos sin tres. Pero así están las cosas y no hace falta tener un exceso de imaginación para darse cuenta que estos derroteros son el camino equivocado y que cada vez adquiere más sentido en esta fiesta una frase clara, sencilla y concisa: Nada tiene importancia si no hay toro.
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FOTOGRAFÍAS: Como siempre de Juan Antonio Hernández. www.elchofre.com. Sólo una pequeña muestra de las realizadas para esta corrida. La galería completa de la feria no tiene desperdicio.
CRÓNICA: Publicada en Burladerodos.



Pedro García Macías dijo
Si Beti, la imaginación...pero mejor LA VERDAD, como esta crónica y las fotos magistrales de Toni, que desnudan al taurineo...todo un muestrario amplio en 3 días de lo que ES y lo que NO DEBE SER. Gracias.
Pgmacias
3 Agosto 2007 | 06:19 AM