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Desde la primavera de 2003, en que fue nombrado Presidente de la Plaza de Toros de Illumbe, intentan los taurinos darle cera porque Francisco Tuduri, un buen aficionado, desde su llegada se propuso dignificar el coso donostiarra y que éste, en cuanto a la concesión de trofeos se refiere y al trapío que exhibiesen los toros en su albero, se asemejase más a lo que su categoría de plaza de primera dice que es a lo que pareció en los cinco primeros años tras su inauguración. Abogado, conferenciante y escritor con varios premios importantes en su haber, ha publicado diversos libros con los toros como protagonistas, siendo los más difundidos Plazas de Toros de Castilla y León y Zezenak Dira... (de Erreguesoro a Illumbe, pasando por el Chofre). A lo largo de estas últimas cinco temporadas lleva Paco intentando darle una cierta seriedad a la plaza, viendo a veces frustrados sus intentos por un público facilón, que es soberano, y que en ocasiones le obliga a asomar el pañuelo blanco muy a su pesar y en otras a sacarlo, para evitar males mayores, cuando ya no le queda otro remedio.

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Lo acontecido el pasado día 16 fue un episodio lamentable que no nos gustaría volver a presenciar en la plaza de toros de San Sebastián. Por un lado la ubicación del palco, situado sobre la sobrepuerta que da acceso al tendido 1, y separado del público por dos escalerillas a derecha e izquierda que conducen a los tendidos altos, hace que el equipo presidencial se encuentre apenas a dos metros de los espectadores por cualquiera de sus flancos. Por otro la actitud de unos cuantos energúmenos que, tras la negación de la segunda oreja a José Tomás en su primer toro, tomaron posiciones insultando, amenazando y haciendo, incluso, volar algunas almohadillas contra el propio palco, condicionaron de forma intolerable el que se le otorgasen las dos en el quinto y pudiese salir en hombros por la Puerta Grande. Venían a éso; según fuentes perfectamente contrastadas, afines en la mayoría de los casos al taurinismo oficial y alejadas de toda sospecha de formar parte de ningún movimiento interesado en minimizar o reventar los triunfos del Mesías, éste llegó acompañado a Donostia por un séquito de entre 450 y 500 personas, integradas en el "José Tomás Tournée 2007" y otros inventos similares, que así mismo le siguen por las diversas plazas de nuestra geografía. A ellas habría que añadir las que llegaron por sus medios y de las que, al no haber constancia de reservas en hoteles y restaurantes, no se puede precisar su número. Si a ello sumamos unos cuantos exaltados locales, algunos plena y perfectamente identificados, que se unieron al corifeo de impresentables partidarios de un torero, el resultado es el bochornoso espectáculo que se vivió aquella tarde en Illumbe.

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Un presidente se puede equivocar; pienso que a estas alturas todos los que acudimos a una corrida asumimos que es un ser humano y que como tal puede cometer errores. De la misma manera él debe asumir que sus decisiones pueden no llegar a ser compartidas por todos y, en consecuencia, que está expuesto a la protesta y que la misma estará legitimada si se produce de forma correcta, pudiendo expresar todo espectador su discrepancia más o menos ruidosa, más o menos airada, siempre y cuando lo haga desde la localidad que ha pagado y que, precisamente por ello, le da derecho a expresarla. Lo que no se puede asumir son comportamientos propios de hoolligans futbolísticos, actitudes fanáticas y agresivas que puedan parecer que una plaza de toros está siendo mediatizada y controlada por un hipotético Sector UltraMístico, o un supuesto Bastión El Mesías. ¿Fue de una oreja la labor de Tomás en el segundo?, ¿mereció las dos lo realizado en el quinto?. ¿Qué más da?. El hecho es que se trató de amedrentar a un presidente honesto, ya en ojo del huracán de los taurinos como el bilbaino Matías González, y que Paco Tuduri actuó correctamente negando una oreja que a su juicio no debió concederse y sacando dos veces el pañuelo, muy a pesar suyo y en previsión de impedir altercados que nunca se sabe a dónde pueden conducir, para que el salvador de la fiesta saliese en hombros del coso de Illumbe. José Tomás no sé si le dio mucha importancia a este último detalle, los que venían a conseguir a toda costa que se produjese seguro que sí.