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Se suelen encontrar en multitud de lugares y no se puede decir que sean propios de ningún sitio en particular. Adoptan diversas denominaciones que suelen variar en función de una serie de factores que pueden ir desde determinadas actividades a una serie de gustos más o menos subjetivos. Los hay que se agrupan en torno a algo abstracto o, incluso, casi inmaterial y los que lo hacen alrededor de causas más tangibles y concretas. Entre los primeros se pueden encontrar, por citar algún ejemplo, Los Amigos de María Santísima, Los Amigos de los Reyes Magos o Los Amigos de la Orden Budista Occidental, y entre los últimos existe un amplio abanico como Los Amigos del Ferrocarril, Los Amigos de la Ópera o Los Amigos del Camino de Santiago, pongamos por caso. Por lo general, aunque como en todo puede haber excepciones, suelen ser gentes pacíficas que se limitan a vivir su afición o sus preferencias de forma gregaria y que no tienen por costumbre meterse con nadie.
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Existen, así mismo, seguidores acérrimos y recalcitrantes de artistas, proliferando en mayor medida los que se declaran incondicionales de los dedicados a actividades relacionadas con la música. Se ha dado en llamarles fans y al margen de coleccionar fotos, recortes de prensa y todo lo que se publica en relación a sus ídolos, recorrer a veces kilómetros para presenciar sus actuaciones, soportar eternas colas para obtener una entrada y conservar algún souvenir, en forma de autógrafo o a poder ser algún objeto personal que enriquezca su fetichismo, se suelen agrupar en clubs y sólo suelen ser peligrosos ante otros sujetos de las mismas características que defienden a alguien artísticamente muy similar, o por el contrario diametralmente opuesto La cosa se complica cuando esa subjetividad a la que nos referíamos se va haciendo cada vez mayor y, en consecuencia, comienza a afectar individual o colectivamente, bien a una persona en concreto, a un grupo de personas en general. En fútbol nos encontramos con lo que siempre se ha conocido como forofos, aunque actualmente se empiece a denominarles hoolligans por aquello que en cualquier parte del mundo su conducta empieza a parecer uniformarse más con el comportamiento de los seguidores de equipos ubicados en las islas británicas que siempre se han caracterizado por un comportamiento más virulento y agresivo.
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En el mundo de los toros de siempre han existido los partidarios. Incluso ha habido épocas en las que las rivalidades entre unos y otros han sido beneficiosas para la fiesta y han podido suponer un valor añadido para el auge de la misma. No hace falta remontarse mucho tiempo atrás para encontrarnos con las que mantuvieron los que se decantaron por Bombita o Machaquito o, ya en la segunda década del siglo pasado, los que prefirieron a Joselito o Belmonte. Más tarde Manolete y Arruza levantaron pasiones y también crearon una cierta división en los tendidos y los cuñados Luis Miguel y Ordóñez tampoco se libraron de ella. Lógico en cierta medida porque quien más, quien menos, puede tener sus preferencias por un estilo o una determinada forma de concebir el toreo, máxime si este se interpreta conforme a unos cánones formalmente establecidos, aunque el verdadero aficionado, el cabal, a lo largo de los tiempos, por regla general, nunca se ha caracterizado por ser partidario de nadie y ha celebrado los triunfos de aquel que ha realizado las cosas con verdad ante la cara de un toro íntegro, capaz de transmitir emoción, ha criticado las trampas, las ventajas o el destoreo y no ha dado importancia a las labores realizadas ante animales inválidos o mutilados, dándole lo mismo el nombre, la fama y las precedentes hazañas o los fiascos que a sus espaldas tuviese el actuante.
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Aunque malos aficionados ha habido siempre, y por tener ha tenido adoradores hasta Manuel Benítez “El Cordobés", a éstos nunca se le dio excesiva beligerancia y, en honor a la verdad, ellos tampoco la pretendieron demasiado, limitándose a seguir a sus diestros favoritos allí donde toreasen y a jalearles más o menos ruidosamente. Ahora, parece que esos amiguismos idílicos, esas actitudes más propias de los fans o de los forofos, se adueñan de la fiesta y hay supuestos aficionados que se lanzan a pontificar y, teóricamente, juzgan lo que pasa en los ruedos como se ha hecho siempre aunque, éso sí, critican todo lo criticable y se muestran de acuerdo con lo que dice la mayoría de la gente que intenta poner un poco de cordura en la fiesta,excepto cuando, por diversas causas, el objeto de esas críticas es el torero del que se declaran partidarios.Y es que, en todos los casos a los que me estoy refiriendo, existe un componente de subjetividad que, evidentemente, impide a quien se manifiesta como amigo, fan, forofo o partidario de algo o de alguien el poder juzgar siendo mínimamente objetivo y le convierte en sectario. Y ese es el meollo de la cuestión; cuando la subjetividad y el sectarismo se llevan a ciertos límites todas las opiniones que se vierten carecen por completo de credibilidad, porque lo que es manifiestamente parcial nunca puede ni debe ser tomado en cuenta por mucho que algunos se empeñen en repetir el mismo cuento una y mil veces. Una mentira por mucho que se repita en infinitas ocasiones no tiene por que convertirse en la verdad.


Dulantzi jaunak,gabon, ya tenias ganas yo de echarle un ojillo al lugar este,por cierto si el señor Hernandez anda por ahi: no me gusta ni ver la modernidad de la pagina nueva,no pillo ni leches. Y a Sabina que le den pomada,igual le ha dado de nuevo el sindrome de Maritxalar.
Bueno,que ya tenia yo ganas,venga ahi.
Lo siento Boris, pero el señor Hernández se encuentra nuevamente por tierras salmantinas. Se ve que se nos está haciendo un poco mayor y empieza a sentir nostalgias del terruño. Ten paciencia y ya verás como terminas por acostumbrarte a la nueva página. A mí me gusta y me parece que está quedando la mar de bien.