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Decir que ambos son amigos sería algo socorrido y tanto como decir nada. Y conste que lo son, pero no de esa forma al uso que entendemos cuando nos referimos a alguien a quien conocemos y con quien mantenemos una cierta relación. A pesar de vivir muy cerca nos vemos poco, posiblemente bastante menos de lo que quisiéramos, y cuando lo hacemos suele ser en las cercanías de una plaza de toros. A Urko le conocí personalmente en Tolosa en la feria de San Juan de 2006 y al margen del rollo taurino me gustó su socarronería, el encontrar una cierta afinidad indescifrable, motivada quizá por nuestra educación jesuítica que de alguna forma imprime carácter. A Eneko le conozco desde hace muchos años y siempre he admirado su cabeza bien amueblada y la claridad de sus ideas. Son dos buenos tipos con los que generalmente se suele estar de acuerdo, lo que no quita que en algunas cosas se pueda llegar a discrepar en ocasiones, pero siempre sabiendo que va a ser bastante más lo que nos une que lo nos separa.

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Dos nuevos artículos suyos acaban de aparecer colgados en El Chofre. Urko titula el suyo Trifulcas entre aficionados, algo que ha habido siempre y, posiblemente, siempre habrá y que no tiene por qué ser negativo para la fiesta, siempre y cuando en esas trifulcas no estén presentes intereses espurios. Eneko en el suyo,Hablemos de conceptos, no hace otra cosa que exponer serenamente y, cierto, con la claridad que, como digo más arriba, tanto he admirado en él algo que no necesitaría ser explicado, pero que, sin embargo, parece que muchos no lo tienen muy claro. Es verdad, a los tres nos une algo bastante fuerte que siempre va estar por encima de las diferencias que podamos tener: nuestro amor por la fiesta. Eso sin contar las dos imágenes que ilustran el post, que tampoco son ninguna tontería, y ese pedazo de aficionado llamado Juan Antonio Hernández. ¡Suficiente!.