LO MISMITO QUE AHORA
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Llevo varios días leyendo a saltos un libro de Guillermo Sureda (1926-1979) titulado Tauromagia. Con matices, se puede decir que un porcentaje bastante elevado estoy de acuerdo con la visión del crítico mallorquín en su repaso de lo que fue el mundo de los toros en los tres primeros cuartos del pasado siglo XX y, sobre todo, con su diagnóstico de la fiesta para tiempos venideros, algo de lo que trataremos en sucesivos posts. Hoy, de “Otra” época de oro, uno de los capítulos del libro, extraigo unos párrafos dedicados a dos primerísimas figuras de la década de los treinta, Manolo Bienvenida y Domingo Ortega y una referencia a la reaparición de Juan Belmonte, aquel que revolucionó el toreo, haciendo que todavía se hable de un antes y un después cuando nos referimos a la irrupción del Pasmo de Triana en el mundo de los toros:
“Por ejemplo, Manolo Bienvenida toma la alternativa en Zaragoza, el 9 de junio de 1929. Pues bien, al año siguien
te en la feria de Sevilla mata esas corridas: Guadalest, Miura, Santa Coloma y Carmen de Federico; y al año siguiente las de Conde de la Corte, Villamarta, Carmen de Federico y Miura. En la feria de julio de Valencia, en 1930, torea las corridas de Guadalest, Miura, y Pablo Romero y en 1931 las de Duque de Tovar, Pablo Romero, Antonio Pérez y Miura. ¡Y tenía diecisiete años, casi acabados de cumplir!. Algún día habrá que estudiar a Manolo Bienvenida desde el punto de vista de la casta y el celo torero. Domingo Ortega toma la alternativa en Barcelona el 8 de marzo de 1931. Este mismo año torea toros de Miura en Córdoba, Granada, Valencia, Murcia y Zaragoza. Y en Valencia torea las siguientes corridas, todas ellas en la feria de julio: Argimiro Pérez Tabernero, Duque de Tovar, Graciliano Pérez Tabernero, Pablo Romero, Antonio Pérez y Concha y Sierra. Añadamos que, en este sentido, ambos toreros no fueron excepciones sino que no hacían más que seguir lo que entonces era una norma general. Corroborando esto, digamos que Belmonte en su excepcional año 1926, en el que toreó un total de cuarenta y cinco corridas, mató entre otros muchos, toros de Conde de la Corte, Félix Moreno, Concha y Sierra, Pablo Romero, Graciliano Pérez Tabernero, Veragua, Miura, Natera, Santa Coloma, Moreno Santamaría, etc, etc. ¡Eso, un torero que era una figura de época y que, según entonces se decía, volvía en plan cómodo!.”
Lo mismito que ahora. Claro, que todavía tenemos que aguantar a los echadores de incienso, a los partidistas de los figurines de mazapán que justifican a sus idolillos de pies de barr
o toda clase de pamemas y pantomimas, que en un desconocimiento total y una abrumadora ignorancia de lo que ha sido la historia de los toros, pontifican diciendo imbecilidades y asegurando falsedades, tales como que en todo tiempo las grandes figuras han procurado aliviarse exigiendo ganaderías y encastes más suaves, acordes con su categoría. Mentiras, tantas veces repetidas por los bobos proclives a tragar con todo lo que les cuentan los que manejan los hilos del negocio o los que, de una forma o de otra, tienen intereses en el mismo, que aunque sean perfectamente desmontables van adquiriendo carta de naturaleza de verosímiles para muchos que, en su analfabetismo taurino, porfían en mantener que siempre ha sido así.


David Valderrama Gutierrez dijo
Hoy en día no hay más que pegapases engreidos...Enhorabuena por este artículo, y Felicidades por rescatar este lbro!!!
Un Abrazo!!!
17 Diciembre 2007 | 04:53 PM