PREMONICIONES
--------- A principios de la pasada temporada un ganadero de cuyo nombre no quiero acordarme, aunque tampoco es excesivamente necesario que lo haga dado que está en la mente de todos, hacía unas declaraciones diciendo que, si bien, pensaba que había dado con el toro casi ideal, tal vez ahora habría que añadirle unas gotas de picante. Acostumbrados a este tipo de asertos por parte de los taurinos ----- “En el laboratorio del tentadero se ha ido aguando la sangre brava de los toros. Pero es muy peligroso jugar con el fuego de esa bravura, porque es difícilmente mensurable y difícilmente manipulable al antojo de cada uno: es fugaz y se escapa de la manos del ganadero como se escapa de la mano el pez sorprendido. Podría citar varias ganaderías que ya ni ------ Como si de un augur se hubiese tratado, el periodista y crítico balear, nos deja esta premonición, hace treinta años, que se cumple punto por punto y que demuestra que lo que demandamos ahora, ni es fruto de las exigencias de unos aficionados intransigentes e integristas, ni las denuncias que se hacen provienen de una moda coyuntural, de algo de lo que nos hemos dado c
de pro, unos no le dieron mayor importancia y se limitaron a cachondearse, otros supongo que se indignaron pensando que a buenas horas, máxime teniendo en cuenta que maldita la falta que hacía de añadir nada si antes no se hubiera quitado, y algunos de la facción propicia a dejarse tomar el pelo me imagino que pensaron que había que ver lo que sabía este hombre e, incluso, creyeron que el gran alquimista había dado con la solución mágica. Está claro que muy pocos, entre los que me incluyo, habíamos leído estas líneas escritas en 1977 por Guillermo Sureda en su libro Tauromagias:
siquiera embisten y otras que, ahora mismo en un buen momento para los toreros, no embestirán dentro de tres o cuatro años. De todo esto se dan cuenta algunos ganaderos, y empiezan a estar preocupados de su propia obra. Como ese monstruo que se vuelve contra su creador, ese toro actual se les ha ido de las manos a muchos criadores, los cuales, como en un coro de tragedia griega, exclaman: ¡hay que volver a echarles unas gotas de temperamento a los toros!, ¡hay que volver un poco atrás!. Porque, en definitiva, se han dado cuenta de que el problema es éste: el toro no sólo tiene que tener peligro, sino que, además -y en esto estriba la emoción del toro verdadero-, tiene que aparentarlo.”uenta ahora, sino que hace tres décadas ya se venía denunciando lo mismo y que, incluso, mentes preclaras como la de Sureda se permitieron realizar un acertado diagnóstico del estado de la situación a estas alturas del siglo XXI. Claro que, sin querer dárnoslas de augures ni de profetas, nuestro pronóstico, si las cosas no cambian y la fiesta sigue estando controlada por los que ahora rigen sus destinos, si no se intenta evitar esta caída en picado propiciada por los que siguen sin ver más que negocio inmediato, siendo incapaces de pensar que se están cargando la gallina de los huevos de oro, es bastante más sombrío y triste que el que en su día realizó Don Guillermo.

